sábado, 14 de diciembre de 2013

NOS VAMOS DE VACACIONES! Y OS DEJAMOS UN RELATO NAVIDEÑO: "¿QUE YO QUÉ?" DE ALEX GARCÍA

¡Hola Tentempitos!

Estamos en Diciembre, mes de la Navidad, de mucho frío y reuniones familiares (lo que siempre se suele decir). Estamos ya en esa época que para muchos no tiene rival por todo lo que ello implica. Nosotros nos metemos solitos en ese saco, nos encanta esta época y nos gusta disfrutar de cada etapa. ¿Qué significa esto? pues que tentempié literario va a hacer un necesario parón hasta el 15 de enero. No nos queremos ir de vacaciones sin antes mostraros nuestro más sincero deseo de que paséis unas felices fiestas, llenas de lo que suelen tener y por nuestra parte, de historias memorables envueltas en encuadernaciones de tapa dura.
Nosotros volveremos para seguir ofreciéndoos reseñas variadas, entrevistas y mucho más, con las pilas bien cargadas y encantados de contar con vosotros.

Como este mes no hemos hecho Reseña Temática, os traemos un relato muy acorde a estas fechas, que esperamos os guste, para marcharnos como Dios manda (no os dejamos con las manos vacías).
Desde aquí darle las gracias a Alex por habernos permitido publicar su relato en nuestro blog. Podréis encontrar más información sobre él haciendo clic aquí.

Y ya sin más, !FELICES FIESTAS! Os dejamos con el relato.



¿QUE YO QUÉ?


Este relato está dedicado con mucho 
cariño (hoy más que nunca) a mi querida Tropa.

Diez de la noche del cinco de enero y como siempre, buscando el regalo para la parienta. No sé ya si es un vicio o una enfermedad, pero cada año va a peor y compro sus regalitos más tarde. Cualquier año se los compro el día de Corpus…

La verdad es que buena parte de culpa la tiene la puñetera crisis. Cada vez pagan menos y más tarde. Y si encima mi ilusión por este mágico día va decreciendo con los años…

Sólo el ver la cara de mi niño cada día de Reyes me mantiene al pie del cañón, pero no espero mucho de los días seis de enero, la verdad. Y no porque no me caigan regalillos, sino porque la ilusión la perdí hace mucho tiempo ya. Cuando vas creciendo, se pierden muchas ilusiones por el camino. Y esto te lo dice un currante. No quiero ni imaginar lo que pensará uno de los cinco millones de parados españoles…

El caso es que voy a la carrera, como siempre. Casi todo agotado, como siempre. Con el dinero justo, como siempre. Aprovechando el tiempo al máximo, como siempre. Y por poco tropiezo con él, como nunca.

Ahí está tirado entre cartones, con sus barbas de muchos días sin reflejarse en la cuchilla y mirándome, haciéndome sentir culpable por sólo pasar junto a él.

—Por favor —me implora y yo me echo de manera instintiva las manos a los bolsillos para hacerle entender que está la cosa jodida, muuuuy jodida. Él pensará que soy yo quien ando comprando regalos y es él quien está sentado en un cajero automático…
—Sólo quiero que me escuches, por favor— me pide de nuevo y con ello capta mi atención.
Fue girarme, mirarle y tele-transportarme a otro tiempo y a otro lugar.
Él ya luce una barba muy cuidada y no lleva sus harapos. ¡Joder, si viste mucho mejor que yo! Pero su ropa y esa corona… ¿Será?...
—Acompáñame —me ordena y yo le sigo. Normal. Imagínate que te pasase a ti. Te dices "o la he cogido muy gorda, no me acuerdo y estoy soñando, o he tropezado con los pies del mendigo que estaba en el cajero, me he dado en la cabeza y estoy K.O.". En ambos casos, poco puedes hacer, más que dejarte llevar.

Me lleva por una calle que conozco muy bien, ya que he pasado por ella muuuuuchas veces. Nos acercamos hasta una ventana y ¡coñoooooo! Soy yo de pequeño, con esa raya a un lado del pelo que me hacía tan… bueno, está feo que me meta con un niño :-D

Mi Yo de 13 años está de juerga en la clase, pero el profesor se percata y me echa una bronca de cojones. El profe de lengua siempre fue un cabronazo, pero la verdad es que aprendí mucho con él. Aunque no sé yo si lo hizo tan bien, con tantos tacos como estoy soltando hoy, ¡joder!
Con la bronca que me echó, mi otro Yo se pone a escribir y por alguna extraña razón, ahora estamos junto a él. O sea, junto a mí. O sea, ya me entiendes…

Está escribiendo una redacción y… ¿Seré cabrón con trece años? No me puedo creer que también escribiese "a ver" como "haber". Si es que… Joder, pero la verdad es que redactaba bastante bien para tener esa edad. No me acuerdo cómo acababa esa historia…
Claro, ¿cómo iba a acordarme? Me puse otra vez con la juerga, el maestro me echó de clase y no la terminé al final. Era buena, pero no la terminé…

—¿Quién eres y por qué me enseñas esto? ¿Estoy soñando? —le pregunto más despistado que un japonés en la feria de Sevilla.
—Te lo muestro porque eres el único que ha mirado hacia atrás cuando te he llamado en el cajero.
Cierro los ojos porque me digo a mí mismo que debo estar soñando y cuando los abro, me veo de nuevo frente al cajero, pero allí sólo quedan los cartones. El mendigo ya no está y yo estoy, pero no estoy. No sé qué ha podido pasarme, pero miro el reloj y se me hace tarde. Las diez y media y sigo sin regalos…
Sigo a toda prisa y entro en un centro comercial. Después de muchas vueltas, creo que por fin he encontrado lo que andaba buscando como loco. Es el último ejemplar que queda del libro que buscaba y por una vez pienso que he tenido suerte. Más contento que Freddy Krueger con una caja de lexatin en un colegio me encamino hacia la caja, pero un hombre con una barba marrón se me queda mirando enfrente mía.
—¿Qué? —le pregunto con la boca más abierta que Lucía Lapiedra.
—Nada, que buscaba el mismo libro para ponerlo en las manos de mi hija cuando despierte del coma.
¡Joderrrrrr! ¿Por qué tienen que pasarme estas cosas a mí?
—Tome usted, amigo. Ya buscaré yo otro regalo —le digo y sus ojos se iluminan de una forma indescriptible.
—¡Muchas gracias, señor! —me responde más exaltado que un parado de larga duración al que le alargan la ayuda y me tiende la mano para agradecérmelo con el gesto universal. Cuando le ofrezco la mía y siento el contacto, una especie de micro-descarga recorre mi cuerpo e instintivamente cierro los ojos.

Cuando los abro veo a mi mujer leyendo en casa. Está devorando el libro que yo le iba a regalar hasta que… ¡Joder, qué cosas más extrañas me están pasando hoy!

El "barbas" está tan bien vestido como el mendigo de antes, con su capa y su corona majestuosa y ya no dudo de que debo estar soñando con los reyes magos. Estoy viviendo mi particular "Cuentos de navidad" en versión española.

Paso olímpicamente de él y me acerco a mi mujer que, como estamos en mi sueño, no me ve. Aparte, para que me viese tendríamos que meter efectos especiales al relato y está la cosa muy malita para estas cosas. Me arrimo y echo un ojo a lo que lee. Está bien escrito, parece ameno y... ¡Jooooder con el alemán! No veas cómo se lo monta el tío. Verás que al final me despierto del sueño sólo por echarle un casquete a la parienta. Nunca había leído yo literatura erótica y la verdad es que entretiene… ¿qué cojones, entretiene? ¡Excita! A las cosas por su nombre :-D

—Quizás yo… naaaa, yo no he nacido para esto —me digo descartando la absurda idea que ha pasado por mi cabeza.

Me vuelvo hacia Gaspar o Melchor o quien sea y allí está el tío descojonado mirando…
—¡Sí, qué pasa! Estoy empalmado, ¡joder! ¿O es que tú eres capaz de meter en reposo?... Además, ¡dime de una vez qué quieres de mí! ¿Te entretienes conmigo?
—No quiero nada de ti porque no es a mí a quien debes entretener. Mira ahí —me ordena señalando con la cabeza hacia la churri. Me giro y cuando debía ver a mi mujer, veo a la cajera del Carrefour diciéndome que es para hoy, que deben hacer balance y debe irse a casa para poner sus regalitos también.

¡De locos! Esto es de locos definitivamente…
Me voy a casa cerca de las doce de la noche esperando que no haya nadie despierto para poder acostarme pronto. Pero estoy muy cansado y no me apetece andar, así que levanto el brazo cuando pasa un taxi y cuando parece que me ha visto, veo al otro lado de la acera a un hombre de color con muletas levantando una de ellas para que el taxista le vea. Pero el taxista me ha visto a mí, así que para en mi lado de la calzada.

Cuando me voy a decir por dentro "te jodes, moreno, que yo he llegado antes", le veo que comienza a caminar con mucha dificultad ayudado de sus muletas. Hoy es un día jodido para pillar un taxi libre y entonces decido hacer lo que me dicta el corazón.

—¡Oiga!... ¡Sí, usted! —le grito cuando se echa la mano al pecho preguntando si me refiero a él. ¡Pues claro, cojones! La farola que tienes al lado no me oye ni cabe en el taxi…
—Podemos compartir el taxi… si no le importa —le sugiero y antes de que termine mi frase ya viene el tío que parece que vaya a saltar por encima del taxi con las pértigas que lleva en sus brazos. ¡Anda que no ha corrido el jodío cuando le he invitado a montarse conmigo…!
—Muchas gracias, blanquito —me agradece cuando se sienta al lado mía. ¡Qué graciosillo el Obama este…!—. ¿Podríamos hacer una pequeña parada para recoger un encargo de mi mujer? —me pregunta y aunque no sé aún por qué, pero le contesto que sí. Ya sólo me falta por conocer hoy a Baltasar y la barbita esa me indica que aún no se han terminado las sorpresas por hoy.

Le hace unas indicaciones al taxista y paramos en una librería. ¡Joder, las doce y media y aún abierta, por mucho día cinco que sea!...

Intenta bajarse pero le veo torpe y por poco prueba la dureza de su cabeza golpeándola contra el asfalto. Me salgo por la otra puerta para ayudarle y aprovechando que estoy ya fuera, me pide por favor que le acompañe del brazo. Está ya muy cansado de las muletas, me dice enseñándome unos callos en las manos que ni yo cuando hice la mili…

Total, que entramos en la librería y veo que hay una especie de reunión con muchas tías. ¡Joder, debe ser de esos días en que se ponen a leer el Quijote en grupo!, pienso divertido por la extrañísima situación.

—Es una firma de libros —me aclara Baltasar—. Espérame aquí —me ordena. Avanza con mucha dificultad con un libro que sobresale del pedazo de bolsillo que tiene en la chamarreta. Con muchas así se quedan en paro los que fabrican carritos para el Mercadona…

Cuando llega hasta el escritor que está firmando libros, se saca el suyo y se lo ofrece. Nosequé romance se llama, no lo veo desde aquí. Pero la cara del escritor me suena un huevo y los pelillos rizados del otro…

Me levanto y me acerco poco a poco hasta comprobar que el que firma ejemplares soy yo, pero algo más viejo. Me quedo más sorprendido que Rajoy al comprobar que el paro bajó el mes pasado…

—¿Cómo?...
Baltasar se gira y me regala una sonrisa bonachona que sólo están reservadas para él, sus dos colegas barbudos y su primo Santa.
—Depende de ti que esto sea una realidad dentro de un tiempo. Ya sabes que lo haces bien, sabes que la mejor crítica la tienes en casa y que todos estos corazones que esperan tu firma te apoyarán sin condiciones. En ti está convertirte en capitán y comandar esta Tropa, pero creo que antes debes hacer algo…
—¿El qué? —le pregunto ya más perdido que la madre de Marco, "el del mono Amedio"…
—Mira detrás de ti —me ordena y cuando me giro, veo a mi mujer con el brillo inconfundible que tiene en sus ojos cada día de reyes.
—¡Cariñoooo, que ya han llegado los reyes! —me grita recordándome a Clint Eastwood en El sargento de hierro.
—Yo me hago el remolón, como todos los años, pero al final cedo ante su ilusión.
Poco después nos encontramos en el salón y con todos los juguetes del nene ya desperdigados en medio de un mar de papeles de regalo. Ella ya no aguanta más y se lanza.
—¡Ábrelo ya! —me suplica nerviosa.

¡Que lo abra, que lo abra, que lo abra!, corean ella y mi hijo. Yo me siento como el presentador de la gala de los Oscars antes de dar el premio a la mejor película. Rompo los papeles de forma acelerada y cuando abro mi regalo, observo sorprendido que me ha caído por reyes un ordenador nuevo. Los besos y abrazos de rigor se suceden entre los tres y luego me pongo a montar los juguetes del nene a la vez que pienso en el extraño sueño que he tenido.

Ya por la noche, la parienta se pone a devorar el libro que le he regalado y que al final no se lo di a Gaspar en el Carrefour porque era todo un sueño. En ese momento y a la vez que miro la pantalla encendida de mi regalo, tengo una visión.

—Cariño, como veo que no paras de leer, he decidido que el próximo libro que leas será uno escrito por mí.
—¿Cómo? —me pregunta más extrañada que un bombero en el Polo Norte.
—Pues eso, cielo. He decidido ser escritor y el próximo libro que leerás se llamará… deja que piense. 
¡Lo tengo! El nombre del libro que me verá nacer como escritor será Maldito romance y tú serás la jefa de mi Tropa.

Ella se mea de risa y con ello deja mi orgullo más tocado que el de Salva en el relato de "Porque soy mujer", pero esa es otra historia, que me despisto…

Pues eso, que al final decidí escribir. Aunque no confiaba mucho en mis posibilidades, mis tres reyes magos me dieron la ilusión que perdí hace mucho y hoy cuento con una Tropa invencible. No podemos perder guerra alguna porque somos una piña, porque disparamos palabras y nuestro escudo late con fuerza bajo el pecho. ¿Qué mejor armadura te puede defender?

Si me dicen hace unos meses que yo sería escritor le hubiese respondido "¿Qué yo qué?", pero hoy es ya una realidad. Hoy soy escritor.
ALEX GARCÍA.





4 comentarios:

  1. Muy bueno el relato, me he reído bastante.
    Felices fiestas!

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    1. conseguir unas risas a día de hoy es motivo de alegría por nuestra parte. Gracias por pasarte y felices fiestas para ti también! :)

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  2. Felices vacaciones. Disfrutar de ellas. Me ha gustado el relato
    Enhorabuena por el Blog

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    1. Gracias por pasarte, me alegra que te gustase, es un estupendo relato de nuestro amigo Alex García al que le agradecemos poder tenerlo aquí. Esperamos verte a menudo, felices fiestas Beatriz

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