martes, 8 de abril de 2014

RELATO: LA MUERTE LO SIGUIÓ DE ALYAMA

¡Hola tentempitos!

Hoy, de nuevo, os traemos un relato corto pero intenso. Gracias a Alyama, por habernos permitido incorporar su relato a nuestro Rincón de Relatos. El equipo de tentempié espera que disfrutéis mucho con su lectura, tanto como nosotras cuando lo leímos. Enhorabuena Alyama por sorprendernos.  Os recordamos, otra vez más, que en nuestro Rincón de Relatos siempre hay un espacio para quien quiera animarse a escribir. Porque no es solo nuestro, también es vuestro. Sólo tenéis que poneros en contacto con nosotros.

Os dejamos con:
La muerte lo siguió.


La muerte lo siguió hacia un tétrico laberinto de cipreses. Allá donde la vida se besa con la muerte pasando por el terrible rompecabezas de gozo y sufrimiento que formaba su existencia, el apuesto caballero medieval galopaba en un bello corcel blanco vestido con una bella y colorida gualdrapa con un escudo dorado en el que figuraba un tulipán negro. Un caballo de complexión fuerte preparado para luchar en su particular cruzada. En su mente, una mezcla de realidad y fantasía que le hacía no perder el aliento por buscar durante un segundo la belleza perfecta en su alma. Podríamos pensar.. ¿un narcisista Dorian Gray? Eso daba igual: el pacto estaba hecho. Lo moral no existía, sólo un escalofrío hasta el éxtasis era su acompañante. Escapando de lo banal y abriendo todos sus sentidos. Pasaba horas a lomos de su bridón, buscando a veces de forma obsesiva el preciado tesoro de color dorado de la verdad de la vida, símbolo de la eternidad, cabalgando en soledad por caminos itinerantes donde la tenue luz del día, se colaba entre los esbeltos árboles de interminables bosques. Ni un mezquino peregrino o monje que se cruzara por el camino le daría un fresco trago de agua al observar su enorme espada que infundía respeto. Con la barba llena de polvo y curtido por el calor de la malla proseguía su andar.

¿Estaría loco o sería todo un efímero sueño? En realidad no importaba. Se lo cuestionaba al final del día sin encontrar una respuesta a su particular cruzada. La idea vivía en él y lo llevaba sin darse cuenta a un abismo, pero era su único acompañante y aceleraba su corazón.

Cuando cayó la noche después de otro largo caminar, sacó de uno de los serones una vieja manta y se dispuso a descansar. Se le acercó un tranquilo anciano con pinta de sabio que le inquirió:

- ¿A qué has venido?

-Estoy buscando una respuesta a mi incansable búsqueda de una vida eterna. ¿Dónde está el verdadero sentido de la vida?

-No es fácil. Muchos tienen que sacrificar cosas como la felicidad, los amigos… Si realmente así lo deseas, cierra los ojos y piensa en esto: la muerte física no es más ni menos que el precio a pagar y que acecha en cualquier sitio.

Y diciendo esto, el sabio desapareció extrañamente sin darle tiempo a meditar una posible respuesta.

El ruido de las armaduras y de los cascos de los caballos preparándose para la batalla lo despertó como era costumbre, una mañana más.

La noticia, tras la justa de ese día, no era precisamente halagüeña. Se mascaba un trágico final cuando el corcel blanco de buena raza se presentó solo en el campamento. La recompensa no eran los premios o victorias, sino los hechos.

Al caballero le venció su propósito, y el destino se cumplió por ser verdad. Caprichosa aventura que es la vida.
  
Alyama



 

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