jueves, 19 de junio de 2014

RELATO: SU ÚLTIMA JUGADA DE ALYAMA


¡Hola tentempitos!

Hoy, de nuevo, os traemos un relato corto pero intenso. Gracias a Alyama, por habernos permitido incorporar su relato a nuestro Rincón de Relatos. El equipo de Tentempié espera que disfrutéis mucho con su lectura, tanto como nosotras cuando lo leímos. ¡Enhorabuena Alyama por querer colaborar con nosotras!
Os recordamos, otra vez más, que en nuestro Rincón de Relatos siempre hay un espacio para aquellos que quieran animarse a escribir. Porque no este espacio no es solo nuestro, también es vuestro. Sólo tenéis que poneros en contacto con nosotros y os explicamos cómo hacerlo. 

Sin más, os dejamos con:
Su última jugada.

El pasado se concentraba en forma de silencio demasiado grande ya entre ellos. Los años los unieron mientras que a la vez la rutina los separaba. Esa pasividad al expresar sus sentimientos le apretaba cada día más la garganta a Pachi.

Llegó el momento de un triste lunes. Ella cruzaba el umbral de la puerta con su bolso al hombro  y un par de maletas  donde encerraba  todos sus años junto a él y sus emotivos recuerdos.

Carla estaba decidida. Tenía que construir otra historia fuera de esas cuatro paredes. Esperaba que él mostrara su alma tal y como ella desnudaba la suya.
No había notas acordes entre ellos. No había música. No había historia a la que ponerle nombre.

–¡Dejemos las cosas pasar esta vez y no miremos atrás! –le rogaba él, mientras la veía salir sin consuelo con un par de maletas.

Sólo un ‘’Dímelo ahora o nunca, pero dímelo‘’ se vio reflejado en la  mirada profunda de ella, fijando sus ojos en los de él mientras avanzaba por el porche.

–Si es ese tu camino, no quiero volver a verlo empezar. Me he levantado muchas veces sin tu mano. Lo siento, Pachi –dijo ella sin fe.

Y añadió: “Nunca ‘todo’ es para siempre”.

Desde la ventana por donde él la observaba marchar, no sólo se juntaba su conciencia, sino también su  cobardía y el duro lamento. Su propia impotencia  se mezclaba con la rabia. Al distanciarse ella en el taxi, su alma desgarrada gritaba sin emitir sonido y sin que nadie pudiera oírle.

La casa cabaña de sus vacaciones de invierno se encontraba en medio de un impenetrable  bosque de árboles centenarios cuyas ramas se entremezclaban dando una espesa y agradable sombra de día en verano, pero frío, soledad y hasta algo de terror cuando caía la noche. Invadida por lo último, ya nunca más sería el hogar relajante compartido por los dos en vacaciones.

El interior de Pachi quería  tranquilizarse. Pero no. Ella nunca comprendió su ‘no’ lucha de amor. Una triste de canción sin música daba paso a la desilusión. Aún fresco en la memoria, recordaba, con lágrimas en los ojos, apretar la mano de Carla y sentir la misma canción de fondo:  “Cómo hemos cambiado, qué lejos ha quedado aquella amistad. ..” El tiempo parado en un instante y tantos sueños rotos..., pensó él.

De repente, unos  sudores empezaron a brotarle sin comprensión. Le siguieron  unos extraños  temblores. No había forma de entender el presente, y menos el mañana. Ya no habría marcha atrás. Un fuerte dolor en el pecho lo presionaba demasiado. El dolor empezaba a subirle por el brazo izquierdo hacia el pecho.
Su móvil emitió un pitido y él a duras penas pudo cogerlo para ver el mensaje.

–Dime sólo que me quieres y volveré –le decía la paciente Carla.

Su mano se abrió y dejó caer el teléfono mientras con la otra mano se apretaba con fuerza el pecho sin apenas poder emitir un último aliento. Su cuerpo cayó desplomado en la oscuridad de la noche. Una noche quebrada por el amor no manifestado. Esa fue su última jugada sin palabras.

Alyama



2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Muchas gracias. Me alegra saber que mi hobby de inventarme historias, gusta. Es un placer para mi, poderlo plasmar en este rincón. Seguiré en ello. Un saludo.

      Eliminar